5 Mejores Tratamientos contra Almorranas

En el tratamiento del problema de las almorranas, el médico debe tener en cuenta factores como el tipo de hemorroide o la causa de su aparición, de modo que pueda proporcionar la terapia más adecuada para cada persona.

Una cosa que debes tener clara es que, cuanto más tarde comiences a tratar este proceso, más gravedad podrá revestir. Es muy habitual que las personas sufran en silencio las almorranas, lo cual es perjudicial para ellas mismas, dado que cuanto más tiempo pase desde su aparición, por lo general será más complicado su tratamiento. 


Así que si has detectado la presencia en tu cuerpo de almorranas, no lo dudes más, deja tus reticencias a un lado y acude a tu médico. Te propondrá remedios, como los siguientes...

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2. Medidas higiénico-dietéticas

Es importante educar al paciente para que evite las conductas erróneas y modifique sus hábitos de vida perjudiciales. Seguir una dieta adecuada, realizar actividad física moderada o corregir los malos hábitos relacionados con la defecación contribuirán a mantener la salud de esta zona.


3. Tratamiento tópico

El tratamiento farmacológico de las almorranas se suele realizar sobre la propia zona afectada y está orientado, principalmente, a aliviar los síntomas que provocan las almorranas. Estos fármacos se emplean en las almorranas que provocan síntomas de tipo I y II. Los más habituales son los siguientes:

  • Corticoides: Cuentan con un destacado efecto antiinflamatorio. Como todos los corticoides, pueden tener efectos secundarios serios sobre el organismo, por lo que hay que extremar las precauciones y consultar al médico sobre su empleo.
  • Vasoconstrictores: Actúan sobre la mucosa intestinal y disminuyen el sangrado.
  • Anestésicos locales: Contribuyen a calmar el dolor que se produce cuando surgen complicaciones en las almorranas.
  • Astringentes: Se emplean para aliviar el picor y la irritación.
  • Antisépticos: Proporcionan una mejor higiene de la zona por su capacidad de eliminar las bacterias, disminuyendo así la posibilidad de que surjan infecciones que compliquen el proceso.
  • Sustancias protectoras: Establecen una película protectora sobre la mucosa intestinal y sobre la piel localizada alrededor del ano, lo que contribuyen entre otras cosas a disminuir el picor y la irritación.

 

4. Tratamiento no quirúrgico o quirúrgico mínimamente invasivo:

Existen una serie de medidas no farmacológicas ni quirúrgicas que se emplean en el tratamiento de la enfermedad hemorroidal.  Se trata de la aplicación de unos procedimientos realizados a nivel ambulatorio y que no requieren de anestesia. Se recurre a ellos en las almorranas internas tipo II e incluso en las de tipo III cuando la intervención quirúrgica está contraindicada.

  • Fotocoagulación con infrarrojos: Se utilizan rayos infrarrojos para “quemar” las almorranas, provocando así la coagulación de los vasos sanguíneos y disminuyendo la posibilidad de que se produzcan sangrados.
  • Ligadura con banda elástica: Se anuda una cinta elástica alrededor de la hemorroide, evitando que le llegue sangre y provocando así la muerte del tejido que la compone, de modo que al cabo de cierto tiempo ésta se cae.
  • Uso de radiofrecuencia: De un modo similar a los rayos infrarrojos, provoca la coagulación de la hemorroide y la disminución de los sangrados.
  • Escleroterapia: Consiste en la inyección en la hemorroide de una sustancia que provoca la cicatrización del tejido sobre el que se aplica.

 

5. Tratamiento quirúrgico:

Como siempre, la cirugía debe ser la última opción de tratamiento tras haber agotado las demás vías posibles, debido a los riesgos que conlleva. Se emplea fundamentalmente en las almorranas internas de tipo III y IV, aunque también se puede utilizar en las de tipo II cuando no han respondido a otros tratamientos menos agresivos.

Este procedimiento se realiza con anestesia general  y, aunque no suele ser muy común, tiene un efecto secundario, como es la aparición de incontinencia en el paciente tras ser operado.

Dentro de este tratamiento encontramos dos tipos de técnicas empleadas, que reciben el nombre de:

  • Hemorroidectomía: Consiste en la extirpación quirúrgica de las almorranas. Suele dar buenos resultados y, aunque puede presentar complicaciones, como cualquier otra intervención quirúrgica, la recuperación suele ser buena sin grandes padecimientos durante el postoperatorio.
  • Hemorroidopexia: Al igual que en la caso anterior, es un procedimiento en el que se extraen quirúrgicamente las almorranas, pero en vez de suturar el tejido que queda tras la extirpación se utilizan grapas para unirlo.

Por su parte, las almorranas externas no suelen requerir de tratamiento quirúrgico salvo que, a juicio del médico, surjan complicaciones que comprometan la calidad de vida del enfermo. El motivo más frecuente que requiere cirugía es cuando se produce una obstrucción en las venas de las almorranas externas.

Esta complicación es muy dolorosa e impide que la persona que sufre almorranas lleve una vida normal. Aunque un buen número de casos se resuelven por sí mismos sin necesidad de una intervención directa, hay otras situaciones que requieren de un proceso quirúrgico para solucionarlas.

Este tipo de procedimiento suele hacerse bajo anestesia local, siempre a juicio del cirujano, y la recuperación suele ser buena sin la presencia de efectos secundarios graves.

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